domingo, 22 de marzo de 2015

Ella despertó

    Ella despertó, no de un sueño, no de una siesta después de trabajar todo el día, ni tampoco un domingo más después de haberse perdido en el arte de amar, sino que solamente ella despertó.
    Ella despertó y me miró, pero no me miró como cuando le cebo el primer mate de la mañana, o como cuando se enoja conmigo por no querer fingir una formalidad en la que ninguno de los dos cree, pero a veces fantasea con eso...
    Ella despertó y me miro con otros ojos, lejos de la comodidad ordinaria, con unos ojos profundos, me miró con su alma, esa parte tierna y pura, aventurera y loca. Me miró tan fijo, tan tranquila, con tanta verdad, como nunca nadie me había visto jamás y me pregunto con toda su sinceridad "¿Es que no lo ves? ¿Realmente no ves el fuego que tengo aquí?" (toma mi mano y la lleva lentamente sobre su pecho izquierdo)

    Entonces entendí que ella había despertado, pero despertó no de una siesta, ni de un domingo, ni me miró con esos ojos, otros ojos...
    Ella despertó del mundo, de lo que nos rodea, de lo que nos duele, de como estamos esclavizados!
    Ahí fue que reaccione y entendí por que me enamoró, porque aunque nuestras almas seas libre me enamoró...
    
No fue sólo por ser mi compañera o por compartir ese amor enfermizo por The Beatles, por los libros, por las montañas y Charly García. Por la Libertad...
    Ni tampoco fue por dormir mil noches seguidas bajo las estrellas, ni por hacernos el amor con tanta ternura y tanta pasión, ni por las botellas de vino que fueron testigos de las miles de revoluciones  en noches donde nadie estaba solo y fumábamos todo lo que podíamos...
    
Me enamoré porque ella despertó y me miró y tocó más que mi sexo, y vi todo su fuego ardiendo por vivir y cambiarlo todo!
    
    Me enamoré porque yo me desperté y me di vuelta, abrí los ojos y estaba ahí. Y ella despertó y me miró. 

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